Optimismo individual y aprendizaje colectivo en la pandemia del coronavirus
By Antonio Hoyos Chaverra - noviembre 16, 2021
La inextinta pandemia del coronavirus que para la fecha en la que escribo estas l铆neas ha cobrado cerca de 4.2 millones vidas en el mundo y m谩s de 121 mil vidas en Colombia, lleg贸 al mejor estilo de un castigo b铆blico para recordarnos la fragilidad de nuestra especie y las limitaciones de su racionalidad tecnol贸gica, que en alg煤n momento olvidamos y cuyas ausencias, llenando de otro sentido las palabras de Harari; nos hab铆an permitido mantener el espejismo de haber pasado de animales a dioses, y afianzar la errada idea de invulnerabilidad y progreso ilimitado de la civilizaci贸n humana.
Tanto dolor experimentado en cuerpo propio o de allegados, no solo ha permitido acrecentar la consciencia sobre una condici贸n humana fr谩gil, interdependiente y si se quiere, ef铆mera; tambi茅n llen贸 de rituales, en apariencia simples, nuestras vidas y cambi贸 de manera sustancial la forma en la que nos aproximamos para cuidarnos de otros y a otros, en las mismas proporciones.
El miedo generalizado que en alg煤n momento llen贸 de p谩nico nuestras visiones de futuro, reduci茅ndolas a escenarios apocal铆pticos so帽ados en la seguridad del hogar, ha dado paso a la valent铆a que solo la ignorancia otorga, en medio de un contexto de necesidad que reclama para s铆 el derecho de uso sobre personas para los fines de un sistema (sea cual sea), y el bien mayor que representa su existencia.
Como si no quisi茅ramos dejar de recordar a Pangloss (un Leibniz caricaturizado por Voltaire en C谩ndido o el optimismo) y sus premisas de que "nuestro mundo es el mejor de los mundos posibles" y "no existe efecto sin causa", el optimismo individual aflora como un remedio que mantiene la cordura y que en la dosis correcta (la sobredosis), permite avanzar con esperanza en medio de la incertidumbre por m谩s oscura que sea la noche; embriagando a la sociedad con un c贸ctel que mezcla a c谩ntaros, la ignorancia vigorizante con un posibilismo obstinado.
La firme convicci贸n en que el futuro estar谩 compuesto de mejores tiempos, orienta nuestras acciones a nivel individual. La necesidad de salir del t煤nel que hace a帽o y medio lleg贸 a parecernos ciego, se convierte en una fuerza vital que impulsa, una esperanza inagotable que nutre de sentido futuro la voluntad del presente, evitando que se extinga con los hechos, por m谩s est茅riles que parezcan.
El optimismo, como mecanismo (evolutivo quiz谩) parece operar aplicando un olvido selectivo o una indiferencia transcendente (no por su motivaci贸n sino por su impacto), que banaliza la amenaza y nos permite retomar la vida de una manera casi irreflexiva, despoj谩ndonos de temores y permiti茅ndonos el bienestar individual en medio de un contexto amable compuesto de seres conocidos, objetos que nos pertenecen y una sobrevalorada sensaci贸n de seguridad; en lo que podr铆a ser un ejemplo de vuelta al huevo original, en la que corremos el riesgo de no aprender y al final perder como especie.
Las lecciones que la historia nos ofrece en este azar del destino (un virus improbable y de origen desconocido), son de un valor incalculable como preludio para enfrentar males mayores, en el que el cambio clim谩tico es un ejemplo. El dolor del que queremos alejarnos con tanto ah铆nco, no es del todo malo y nos ense帽a a valorar no solo lo simple y que de verdad importa a nivel individual, entre lo que se encuentra: la noci贸n de nuestra fragilidad, la posibilidad de convivir con otros, la libertad para desplazarnos para conocer otros contextos, y el uso del tiempo de manera consciente; sino que nos invita como sociedad a revalorar conceptos como la productividad, el ocio, la corresponsabilidad y el prop贸sito de la relaci贸n con el entorno.
El llamado, humanista si se quiere, es a evitar que el optimismo individual desbordado nos aleje del aprendizaje colectivo necesario. Si bien es claro que no podemos vivir con miedo y que el optimismo es positivo en la medida que nos permite superar el presente por m谩s desesperanzador que nos parezca, vale la pena llevar con orgullo las huellas de la pandemia. Como colectivo humano, la necesidad de un museo a la memoria de la crisis desatada por la pandemia del coronavirus no deber铆a ser una idea descartable.
